me pasé de café en el café
Creo que el de la basura se burló de mí. Creo que Susan Miller está jugando con mi cabeza. Creo que no sé cómo usar un trapeador. Creo que la cortina de la cocina bien podría ser una servilleta gigante. Creo que esa poesía no es tan buena, tan real y discreta como había pensado. Tal vez sí. No es que sea mala, sino que tengo la sensación de haber cachado a santoclós quitándose la ropa para ver un partido de fútbol y llamar a una prostituta, algo así. Quizás eso la vuelva aún más real. Supongo que depende qué partido era, quién ganó y a quién le iba santoclós. Creo que este mes se trató de permitirle a mi conciencia licencias que jamás había considerado, y de estar viendo la factura de sus gastos. Conciencia estúpida, qué bueno que ya regresaste, tengo que hacerte coger escarmiento. Tengo que regresar a mí. Todo está en mí. Nadie, ni la Miller, ni los espíritus del bien, tienen la razón; sólo yo la tengo. Eso significa calma. Agosto (del 2010) será el mes de la calma. No me importa la opinión de los expertos. Only an expert can deal with a problem. ¿Pero qué problema? ¿Cuál de todos? Todos los problemas, un problema: he sido yo el problema; me he dado la espalda a mí mismo, he creído que funcionaba (la inmediatez es el opio de los inmaduros) y me he sentado a aplaudir y a brindar (un poco de más). Tomo un día de descanso (accidental) de una pastilla, por ejemplo, y me doy cuenta de que nadie puede, ni debe, soportarme si no se lo pido y le doy indicaciones. “Déjame retorcer, no te retuerzas tú también, sólo estos días”. Así, nada tienen que ver los planetas ni las acumulaciones de buenas (más malas) acciones. Tiene que ver el clima, por ejemplo. Tienen que ver la posición en la que duermo y mi determinación a no perder la cabeza si nadie me contesta los mensajes. En unos días me pagarán dinero por trabajo que quizás haya hecho sólo a la mitad por estar pensando en que no me habían pagado, pero me lo pagarán. ¿Y ahora qué hago con esa otra mitad? La palabra de esta semana: justicia. Términos elementales, eso también tiene que ver. Uso términos elementales, sin perder la noción de que mi capacidad de maniqueo es muy reducida. Entonces, justicia. Justo lo que hago es justo lo que recibo, recibiré. Nada más, nada menos. Términos elementales y lugares comunes. Esos en donde no puedo intervenir sino con una intención esteta. Este mes fui un dejado, estuve en depresión y esperé con ansias el primero de agosto para leer buenas noticias. Pero no. Ésas noticias requieren demasiada manipulación. Ya no quiero ser un experto en manipulación.
Conciencia, qué bueno que regresaste. Prometo que el escarmiento no rebasará los límites de lo necesario.
Mis lecturas de este mes:
- Nada, de Carmen Laforet. Con este libro debí haberme vuelto más concreto. Habría sido excelente momento. Andrea me lo dijo casi al oído, con el cariño que durante su relato parece estar asesinando a martillazos: la vida es, punto.
- El héroe de las mil caras, de J. Campbell. Otra buena pista en la que debí haber ahondado más. Me llenó de ideas que, en la praxis, hasta hoy, me llevaron a muy poco. La negativa al llamado, ahí es en donde me quedé. Game over, pero tengo muchas vidas.
- On being a novelist, de John Gardner. Mucha luz, mucha. Por suerte llegué al final en estos días. Puedes confiar en mí, Johnny.
- The snows of Kilimanjaro, del viejo Hem.
- Diario de un mal año, de J.M. Coetzee. ¿Cuántos planos tiene mi vida? ¿Van todos al mismo lugar?
Y otras, que no tengo a la mano.
Páginas escritas en este mes: un aproximado de 30 (valiosas). Nada, casi nada.
Momentos memorables: dos. Un fin de semana a la mitad de todo esto y un sábado de nado en la más extraña memoria. El último panzó.
Actos heroicos: dos. Limpiar el respaldo del espejo del baño. (Creo haber encontrado restos de un insecto extinto desde hace 100 años). El día que maté un mosquito sin querer.
Encuentros poco favorables: demasiados.
Horas netas de productividad: 10, a lo más.
Cuidado con el perro.